El término lectura tiene muchas definiciones, como
lo discuten varios autores, de acuerdo a Barton (1994) se entiende por lectura
desde un proceso mecánico hasta varios niveles de interpretación de un texto
(p. 19). Peredo (2005) menciona que la definición más clara y concreta es la
provista por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico
(OCDE) en el 2002 que la define como la capacidad de comprensión, uso y
reflexiones de textos con la finalidad de lograr metas personales, ampliar el
conocimiento e interactuar en la sociedad. Gutiérrez y Montes de Oca (2003)
definen la lectura como una relación activa y constructivista entre el lector y
el texto en donde la interpretación depende del conocimiento del lector.
Goodman en Ferreiro (1988, p.18) coincide con esta definición, mencionando que
el lector interpretará el texto únicamente sobre la base que ya conoce. Las
definiciones de lectura según el autor pueden variar un poco pero lo importante
es que todas las definiciones coinciden en que leer es interpretar y entender el
mensaje escrito y va más allá de articular las palabras (Goldin, 2006,
diciembre).
La lectura es una habilidad que debe desarrollarse;
por lo general, las personas aprenden a leer y escribir en la escuela, aunque
hay casos en los que una persona que sabe leer le enseña a otra sin una
instrucción formal. De cualquier forma, hay procesos cognitivo s y un esfuerzo
por parte del aprendiz para ejercitarla y mejorarla (Goodman en Ferreiro,
1988). En la cultura occidental, la lectura es vista como algo natural que se
debe aprender, es parte de la vida cotidiana desde que somos
niños y vemos que la lectura es usada por nuestros padres y personas que nos
rodean
de manera habitual (Smith, 2004).
Sin embargo, el aprender a leer no significa que el
niño haya adquirido un hábito de lectura. Zaid (2006, noviembre), en su ensayo
sobre las encuestas de lectura en México, menciona que el hábito (o no hábito) de
lectura se toma de los padres, por lo que los mismos patrones se van repitiendo
de generación en generación. Otros autores (Alvarado y Patán, 2007, agosto)
concuerdan con esta idea aseverando que los papás deben o deberían ser los
responsables de fomentar el hábito de lectura en sus hijos desde antes que
éstos empiecen a asistir a una institución educativa. Goldin (2006) dice que un
niño que ha crecido en un ambiente donde la lectura es un hábito, entenderá el
sentido social y la organización de un texto desde antes de decodificar el
alfabeto (p. 48). Hay otros estudios que mencionan que esta responsabilidad es
compartida también con los maestros de las escuelas, instituciones que
promueven la cultura,
bibliotecarios, e incluso el gobierno y sus
programas de educación (Alvarado & Patán, agosto, 2007; Goldin, 2006,
diciembre; Newton, 1960; Sheridan, 2007; abril, mayo, junio).
La lectura no sólo se practica en la escuela, ya
que fuera de ella hay muchos lugares donde encontramos la palabra escrita: en
anuncios, etiquetas, nombres de las calles, comerciales en la televisión, en
las revistas, periódicos, menús de restaurantes, etc.
(Newton, 1960). Una vez que hemos aprendido a leer,
la practicamos para diferentes propósitos o funciones. Hay tres propósitos de
lectura (theliteracylink.com), leemos para obtener información, para tener una experiencia literaria, y para ejecutar una tarea. Leemos porque así
obtenemos información que es importante para la vida cotidiana, el hogar, el
trabajo, etc. o porque nos ayuda a realizar una actividad en específico. La
lectura que nos ayuda a obtener información o realizar una tarea es la que más
practicamos diariamente, en contraste con la lectura realizada por placer.
México tiene uno de los índices más bajos en la práctica de la actividad de
leer por placer, con sólo 2.9 libros leídos al año por persona. (Alvarado y
Patán, 2007; CONACULTA, 2006; Sheridan, 2007, abril, mayo, junio; Zaid, 2006).






0 comentarios:
Publicar un comentario