Sáez (1951) define
la lectura como "...una actividad
instrumental en la cual no se lee por leer sino que se lee por algo y para
algo. Siempre detrás de toda lectura ha de existir un deseo de conocer, un
ansia de penetrar en la intimidad de las cosas...".
Para leer con
soltura y eficacia es necesario poseer preparación, capacidad y desarrollo
intelectual y madurez mental, así como también conocer perfectamente todas las
normas y reglas del lenguaje escrito.
Spolski (1980)
expresa que la lectura "no puede
ser separada de la educación del lenguaje: la selección de qué lengua deben
aprender a leer los/as niños/as es crucial, y una vez que los pasos iniciales
en la instrución de la lectura son pasados, la lectura se transforma en el
enriquecimiento del lenguaje".
Al tratarse la
lectura de un conjunto de habilidades, el proceso de aprendizaje debe
desarrollarse en los primeros años de la enseñanza. Por último, Gepart
(1979) afirma que: "...la lectura
es la palabra usada para referirse a una interacción por la cual el sentido
codificado por un autor en estímulos visuales, se transforma en sentido en la
mente del lector. La interacción siempre incluye tres facetas: material
legible, conocimientos por parte del lector y actividades fisiológicas e
intelectuales...".






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